Familias reconstituidas y adolescentes en conflicto con las nuevas parejas de sus padres

Cuando esto sucede “es fácil que se produzca el conflicto, una situación que surge especialmente en relación con los padrastros: si hay un enfrentamiento e intentan ‘rescatar’ a su pareja cuando el adolescente crea un conflicto e intenta asumir un rol normativo frente al hijastro… Ante esta tesitura es probable que surjan las llamadas lealtades invisibles y la típica frase de: ‘tú no eres mi padre’ o ‘no eres mi madre’. Son situaciones que vemos mucho cuando hay adolescentes de por medio”.

Así lo explican expertos de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), organización no gubernamental financiada por la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad deMadrid, España; señalan los especialistas que en épocas pasadas este tipo defamilias se conformaban sólo después de la muerte del padre o la madre, peroque con el advenimiento de la figura del divorcio las familias reconstituidasse han hecho mucho más frecuentes.

La adolescencia es la etapa de maduración entre la niñez y la condición de adulto. Se inicia en la pubertad, alrededor de los catorce años en los varones y de doce años en las mujeres. Según el psicólogo estadounidense G. Stanley Hall, la adolescencia es un período de estrés emocional generado por la serie de importantes cambios físicos y psicológicos que tienen lugar en forma acelerada desde la pubertad. Si a este estrés transicional se le suma el causado por los problemas que surgen durante la reconstitución de una nueva familia, pueden aparecer complicaciones que dificulten aún más la adaptación al nuevo esquema familiar. Sin embargo, con la ayuda y la orientación adecuadas, este proceso puede hacerse más llevadero e, incluso, convertirse en una transición positivahacia la formación de un hogar feliz.

“Hoy en día el modelo de familia reconstituida se va generalizando, al tiempo que se acepta con mayor normalidad por el resto de la sociedad”, señala Inés Alonso, psicóloga de UNAF.

Por su parte, Belén Rodríguez-Carmona, técnica de sensibilización en mediación de UNAF, indica que pese a esto, “las familias reconstituidas no suelen identificarse como tal y, por tanto, no reconocen las características propias de ese modelo ni los retos a los que se enfrentan”.

Y es precisamente al inicio de la adolescencia, entre los 11 y los 13 años, cuando las dificultades son mayores; según explica Gregorio Gullón, trabajador social de UNAF: “Se solapan dos procesos muy complejos, por un lado, está la formación de la nueva familia y, por otro, la adolescencia en sí misma. El problema llega cuando al adolescente se le pide que se vincule a una nueva figura adulta, como es el padrastro o la madrastra, cuando evolutivamente este chico está en pleno proceso de desvinculación de sus progenitores”; en esta etapa de su vida “lo que necesita es separarse o tomar distancia, pero se le pide pertenencia a un nuevo sistema familiar. El adolescente siente la necesidad de diferenciación, que se suma a la búsqueda de su propia identidad en la nueva familia, la relación con las nuevas figuras que aparecen… Para el chico suele resultar muy difícil resolver esta contradicción”, enfatiza Gullón.

Señala el trabajador social que es necesario que los miembros de la nueva pareja comprendan que el hecho de que ellos se quieran y se comprendan entre sí no implica necesariamente que sus hijos automáticamente sientan cariño por el compañero o compañera de su progenitor; “existe una tendencia generalizada a pensar que, ‘como nos queremos, nos vamos a vivir juntos, y de forma automática ya somos todos una nueva familia’. Esto no ocurre así. El amor no tiene carácter transitivo. El que yo quiera mucho a mi nueva pareja no significa que mis hijos tengan que quererla. Lo que sí tienen que hacer es respetarla”.

Todo proceso de separación, como un fallecimiento o un divorcio, o alejarse de un padre o una madre, conlleva un proceso de duelo, el cual incluye varias etapas que deben vivirse, una a una, para que el proceso se complete; sin embargo, los padres viven su proceso de duelo en tiempos y formas diferentes a sus hijos, y por lo general no coinciden. “Normalmente el adulto que quiso separarse, hace tiempo que pasó por el mal rato que supone tomar la decisión… Y tiene el duelo ya elaborado, mientras que el adolescente es probable que se acabe de enterar. En consulta muchas veces vemos que se intenta hacer todo sin dar los tiempos necesarios a los hijos, y suele ser más largo el tiempo de duelo por una separación que por una muerte”, explica Gullón.

Es común que, como resultado de estas uniones “forzadas”, se produzcan roces y conflictos entre los hijos y la nueva pareja de su progenitor, lo cual a menudo genera lo que Gullón denomina como “lealtades invisibles. Cuando hay una reconstitución es que normalmente ha habido un divorcio previo, y muchas veces, ha sido un proceso difícil o conflictivo, donde el adolescente se convierte en vengador del otro progenitor respecto a la nueva pareja, a la que se le culpa un poco deque sus padres ya no estén juntos. Nosotros solemos decir que no se puede ocupar un lugar que ya está ocupado”. Esto significa que en un divorcio,usualmente el hijo adolescente toma partido, es más cariñoso y atento con el progenitor que a su juicio ha perdido más en el proceso.

En tales circunstancias lo más aconsejable es que “las nuevas parejas intenten ocupar un segundo plano.En particular cuando son hombres, se les recomienda que no intenten asumir un rol normativo, y cuando son mujeres, que no intenten asumir un rol más materno afectivo hacia el adolescente”, advierte Gullón. “Estos son solo algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan las familias reconstituidas con adolescentes, pero queremos lanzar el siguiente mensaje: son retos posibles de gestionar en positivo si la ayuda se contextualiza correctamente con la etapa vital del menor”.

Un interesante artículo y tema que compartimos desde la Fundación Torres-Picón, dentro de nuestros propósitos de hacer divulgación preventiva integral, y como aporte reflexivo para la buena marcha y desarrollo de las relaciones familiares, expresó Pedro J. Torres, nuestro presidente y portavoz.

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